lunes, 14 de mayo de 2012

Master class de Doménico Chiappe —autor de «Tan real como la ficción»

Albert Lladó entrevista para La Vanguardia el autor y periodista Doménico Chiappe sobre la labor del periodista hoy. Chiappe ha publicado con Laertes Tan real como la ficción.

Doménico Chiappe (Lima, 1970) es coordinador editorial en La Fábrica, imparte clases en el máster ABC- Complutense, además de formar parte del Instituto de Cultura y Tecnología de la Universidad Carlos III. Colaborador habitual de la revista Frontera D, desde sus inicios en la profesión - fue miembro fundador de la revista Primicia y del diario TalCual de Venezuela - se ha dedicado al periodismo de investigación, siendo reconocido con la Mención de Honor en los Premios Iberoamericanos de Unicef y la Agencia Efe. Pero fue al preparar sus talleres de periodismo literario cuando se dio cuenta de la poca bibliografía especializada que existe y, a partir de allí, nació el ensayo Tan real como la ficción (Herramientas narrativas en periodismo), publicado por la editorial Laertes.

¿El periodismo es un género literario?
Sí, porque contar una historia con profundidad e inteligencia es una forma de hacer literatura. El periodismo cuenta con la crónica y el reportaje para reconstruir por medio de la palabra estas historias.

Usted defiende que los recursos de la narrativa le pueden servir al periodista para cautivar al lector. ¿Cuál es la frontera entre la ficción y el retrato "atractivo" de los hechos?
La frontera infranqueable del periodista la traza lo real. El periodismo no fabula ni inventa. Lo que cuenta proviene de la investigación y no de la imaginación. Lo que no quiere decir que la realidad no pueda ser contada con las herramientas técnicas narrativas que han logrado hacer que la ficción cautive.

¿Es lícito convertir las personas en personajes de nuestras historias?
Es inevitable. Una persona posee cientos de cualidades que surgen según las circunstancias y nadie puede trasladar tal complejidad al relato de unos hechos sin elegir unas sobre otras. Al decidir cómo se retrata a esa persona, se le está convirtiendo en personaje. Hay una enorme responsabilidad en esta conversión. Y el periodista tiene que saber que, quiéralo o no, escribir sobre alguien, incluso sobre sí mismo, es convertirlo, convertirse, en personaje.

Asegura que "la única manera de hacer del periodismo un arte literario es a partir de la exploración de la humanidad individual". ¿Cree que los medios han querido explicar la realidad, demasiadas veces, desde los colectivos como si sus integrantes fueran entes homogéneos?
Muchas veces, demasiadas, en los medios leemos o escuchamos terribles generalizaciones, debido a esa tendencia, muy extendida, de tratar a entelequias como si fueran un individuo. En el fondo, es una forma de hacer ficción, lo que les facilita el trabajo, les evita indagar. Pero lo que resulta de esa práctica es un compendio de estereotipos.

Con el 15M, por poner un ejemplo, ¿se pecó de esa generalización?
Los tertuliantes habituales y muchos periodistas insistieron en afirmar que el 15M era un movimiento. Buscaban identificar a un líder que poder atacar. En esta estrategia había una manipulación del lenguaje muy estudiada, que evitaba dirigir a la opinión pública hacia lo que, a mi entender, significó esa protesta callejera y desorganizada: un llamado de atención a todo un sistema político, económico y social dirigido con una mediocridad, autocomplacencia y falta de visión increíble. Ahora hay gente que pretende capitalizar el 15M para ganar votos. Pero el 15M no fue ni siquiera un movimiento. Hubo tantas razones para salir a la calle como personas. De ahí la imposibilidad de consenso a la hora de formular propuestas.

En su libro, también habla de las diferencias entre crónica y reportaje.
Diserto sobre las diferencias entre la clave de ficción y la de realidad, pero también sobre las similitudes entre la crónica y el cuento, en cuanto a constituir el espacio para desarrollar al personaje y el espacio para la singularidad; y entre el reportaje y la novela, en cuanto a su ambición por mostrar un hecho desde múltiples perspectivas y lograr la polifonía. Es una apreciación muy personal, una evolución de estos dos conceptos.

Define tres entidades del texto: narrador, protagonista y focalizador. ¿Se puede romper esta estructura?
Se puede romper la estructura junto a todas las demás reglas. Pero antes hay que dominarlas. Saber lo que se hace y por qué se hace.

Muchas veces se le ha pedido al periodista que actúe como un observador imparcial... Una pretensión que tilda de "necedad"
Todo ser humano es deudor de su cultura. No puede despojarse de sus prejuicios, de su ideología, de su visión del mundo para convertirse en narrador. El que lo diga es un impostor. Mejor asumir, mostrar, ese bagaje con el que se enfrentan los hechos. Yo digo que más que hablar de "objetividad" se debe hablar de "honestidad". Más que de "verdad", de "pluralidad".

En su ensayo explica que "es probable que la figura del corresponsal viva sus últimos días". ¿Cómo han afectado las redes sociales a la profesión?
De muchas maneras. Quizás lo más importante sea que el editor ha perdido autoridad frente a sus lectores. Ya no hay dos o tres que le dicen a una nación qué, cómo y cuándo leer. Ahora hay mucha gente que recomienda temas y enfoques. La gente comienza a buscar el contenido, no la marca. Son tiempos muy duros para los que estaban acostumbrados a que el ciudadano que quería estar informado se dirigía al kiosco y elegía la cabecera de siempre. O encendía la tele y veía el informativo de las 9. Internet y las redes sociales no se puede controlar con tanta facilidad.
En el caso de los corresponsales, yo me alegro de que las tecnologías móviles y satelitales nos permitan saber qué sucede en esas regiones donde los periodistas, cada vez más acomodados, dicen que no pueden entrar. Y creo que pronto la mayoría de corresponsales tendrán que trabajar más o tendrán que buscar otro empleo. Se salvarán los mejores, lo que no temen a internarse en el terreno.

En el periodismo digital el lector puede participar de forma más directa.
En este momento, en las grandes redacciones, persiste el apego al papel. Sus web no son más que migraciones del tabloide. Allí no saben cómo ofrecer contenidos multimedia ni tampoco qué hacer con la enorme y valiosa cantidad de información que reciben de las comunidades digitales, así que el aporte del lector queda muy relegado y no pasa por el editor de contenidos, ni se toma en serio como noticia.

Sin embargo, la inmediatez que prima en la elaboración de los textos hace difícil que se apliquen algunas de las herramientas que propone.
El periodismo impreso ha perdido la batalla por la inmediatez y su rol está en ofrecer contenidos profundos, sesudos análisis y grandes historias. Utilizar las herramientas que propongo para la escritura de la realidad no quita más tiempo a la hora de redactar. Pero sí exige investigación. En los medios, los recursos van a los bolsillos de los consejeros y no se destina a investigar. Así que la materia prima llegue por otros canales, como gabinetes de prensa.

¿Conseguir la firma, escribir desde un estilo propio y reconocible, es uno de los objetivos al que deberíamos aspirar los redactores?
Solo el que aspire que sus escritos sean leídos y, a veces, guardados y, con suerte, releídos.

Cuando utilizamos el diálogo, sea en una entrevista o en una crónica, estamos "imitando" la forma de hablar, pero no reproduciéndola. ¿No existe el riesgo de forzar la interpretación y acabar diciendo algo que el protagonista no ha dicho?
El riesgo siempre existe, incluso sin reconstruir un diálogo, y hay que asumirlo, a menos que quieras ser un simple altavoz.

También podemos utilizar metáforas para explicar mejor algunas realidades. ¿Por qué cree que se utilizan tan poco en los diarios? ¿Las revistas son un mejor hábitat para el periodismo narrativo?
Las revistas, con pocas excepciones como New Yorker o Etiqueta Negra, se han convertido en catálogos de publicidad, cada vez menos encubierta. El hábitat ideal comienza a ser el espacio digital, cuyo territorio se crea a medida que se crean contenidos y no tienen la limitación del "espacio". Allí se consolida el fenómeno que Benjamín Lana llama "el periodista sin medio" y que en Estados Unidos, por ejemplo, comienza a hablar de tú a tú con los grandes diarios.

Díganos alguna técnica básica que utiliza en sus talleres para pasar del estereotipo al arquetipo.
Les propongo que narren a través de la acción, de una acción elegida después de mucha observación, y que le dejen los adjetivos al lector.

Después de la filosofía post estructuralista aún vemos que la mayoría de textos siguen la estructura aristotélica de comienzo, nudo y desenlace. ¿Por qué hay tanto miedo a romperla?
Porque es muy efectiva. Utiliza la cualidad temporal para ordenar los elementos de una historia, los equilibra con naturalidad.

Hablemos del punto de vista. ¿Cómo acertar en el tono y la perspectiva?
Hay que plantearse primero qué se quiere contar y luego cómo. Cada historia funciona mejor con una perspectiva que con otra; necesita un tono específico. Son decisiones que se deben tomar antes de empezar a escribir. Lo ideal es conocer cuáles opciones tiene un narrador y qué matices aporta cada punto de vista, para elegir el más adecuado a las respuestas sobre qué y cómo contar.

Uno de los capítulos de su libro está dedicado a la entrevista. ¿Cómo romper el discurso ya cerrado de alguien que está de promoción y que ha repetido las mismas respuestas cientos de veces en los últimos días?
Sueño con el día en que los medios de comunicación tracen su propia agenda y marginen las entrevistas de promoción al plano que deben tener realmente en el mundo que vivimos: mínimo. Creo que alguien es entrevistable a partir del momento en que deja de vender algo.

En sus conclusiones apuesta por el "seguimiento de la historia cuando deja de ser última hora".
Creo que la noticia se encuentra en la investigación y no en el calendario. Si el periodista corre permanentemente detrás del último suceso y no se queda el tiempo necesario en ninguna parte para profundizar y hacerle seguimiento a un suceso, la noticia siempre dependerá del calendario.

Para concluir, cítenos dos clásicos del periodismo narrativo que le hayan influenciado, y dos periodistas en activo que sigan ejerciendo la profesión como una "literatura de los hechos".
A mis estudiantes les digo que si solo van a leer dos libros de periodismo en su vida que sean Hiroshima de John Hersey, y Despachos de guerra de Michael Herr; aunque a mí, en mis inicios, me influenciaron los libros de Ryszard Kapuscinski y Al pie de un volcán te escribo, de Alma Guillermoprieto.
A pesar de que los periódicos cada día tienen menos qué leer, sigue existiendo una legión de periodistas excelentes. Voy a mencionar a estos dos por tres razones: son muy buenos, defienden el oficio cada día y tengo el privilegio de contar con su amistad: Alfonso Armada y Julio Villanueva Chang.

*Publicado el 8 de noviembre del 2011

sábado, 12 de mayo de 2012

Ser periodista, no escritor de ficción

Por Antonella Brignardello*

Ser periodista, utilizando recursos literarios sin caer en el error de inventar, es algo que propone Mario Diament en su exposición sobre periodismo creativo.

Critica además el uso de la pirámide invertida, que no permite que la información sea historia. “Aplicar creatividad en el periodismo no significa aplicar algo de la propia fórmula de uno, una invención propia; la invención corresponde al mundo de la ficción literaria y para nada al mundo del periodismo”, señala Mario Diament, periodista, escritor y dramaturgo argentino, en una videoconferencia desde los Estados Unidos.

Durante su exposición relata que le tocó conocer a muchos periodistas ficticios, que no eran realmente periodistas, y a otros que utilizaban mucho la ficción en sus historias para atraer lectores, algo que –a su parecer– es erróneo porque no permite ver la realidad.

 “Creatividad es enriquecer nuestra mirada respecto de la realidad, un periodista tiene una ventaja sobre el resto de los mortales porque su capacidad de percibir la realidad es más afinada, que si no fuéramos capaces de ver lo que los demás no ven, de qué estamos hablando”, indica.

TECNOLOGÍA DIGITAL VS. PAPEL
Su exposición se da en medio de la incertidumbre que genera la implementación de las nuevas tecnologías digitales para informar, que juega en detrimento del periódico que, hoy en día, como primicia ya no existe.

Twitter, Facebook, las radios, le quitan esa capacidad de dar primicias a los medios escritos, poniendo en riesgo su existencia como tal y obligando a los periodistas a buscar nuevas formas de llegar al lector.

“Los medios radiales le quitan la capacidad de informar a los diarios. El diario como producto informativo no existe más, sigue publicando noticias, pero son noticias viejas. Solo aquellos que viven desconectados de los otros medios electrónicos encuentran una novedad noticiosa en los diarios; de lo contrario, uno abre un diario para enterarse de lo que ya saben, y esto no es una fórmula exitosa para un diario”, dice.

Seguidamente, indica que la ventaja del papel se da en la tradición, puesto que existen personas que se sienten 'desnudas' sin su periódico del día. “Si un diario no puede competir noticiosamente porque la inmediatez tiene múltiples bocas, basta un mensaje por Twitter o un llamado por teléfono para superar a un medio impreso. Tampoco puede decirse que tiene ventaja de tiempo porque no la tiene, porque demora todo un proceso industrial. Estos medios no pueden tener ya existencia en el campo noticioso, siguen viviendo porque el lector es generoso, porque existe un hábito de frecuentarlos, porque muchos se sienten desnudos sin su diario a la mañana”, agregó.

PAPEL VS. TECNOLOGÍA DIGITAL
Pero hay una contradicción a lo dicho anteriormente: un medio digital no puede sostenerse de por sí, por lo que necesita del apoyo de los medios tradicionales.

Si bien la revolución digital ha afectado a muchos diarios, en especial los de Estados Unidos, que incluso ha ocasionado el cierre de 120 periódicos, la realidad de los medios digitales es que no pueden sostenerse por sí solos, en muchos casos.

“La revolución electrónica no puede sostenerse sin la ayuda del periodismo tradicional, es decir, todos los diarios pueden tener un sitio en internet, pero son los medios tradicionales los que pueden sostener”, cuenta el periodista, quien también es columnista de La Nación y director de la Escuela de Periodismo y Medios de Comunicación de la Universidad de Florida.

YA NO MÁS PIRÁMIDE INVERTIDA
Diament señala que las nuevas tecnologías han demostrado que ya no hace falta mantener una rigidez de estilo a la hora de comunicar una noticia o contar una historia, es decir, ya no hace falta aplicar ciegamente la pirámide invertida.

“La pirámide invertida surgió no por una cuestión de estilo y estética periodística, sino por la presión de dar la noticia principal por las agencias, que hoy en día están en proceso de desaparición o de transformación, que fue luego adoptada por los medios en general porque era práctico, conveniente y cumplía la función de acaparar el interés del lector a través de una cabeza informativa que luego iba añadiendo más información”, dice.

Señala además que ahora que las nuevas tecnologías han quebrado esa presión por dar la primicia, los medios no tuvieron más opción que replantear la validez del estilo para informar, mencionando la posibilidad de utilizar recursos literarios para relatar la noticia. Salir de este estilo de redacción permite convertir una información en noticia que permita al lector hallar algo más o algo nuevo en las noticias.

“Todos los hechos de la realidad son historias, pero nosotros tenemos la capacidad de contar historias, y eso es lo que nos hace interesantes. Nuestra habilidad consiste en transformar la información en historia, sin la necesidad de aportarle fantasía”, resalta, al tiempo de recomendar que el personaje sea el centro de la noticia.

Las historias que tienen personajes son más exitosas. No existe la literatura, el cine, el teatro sin personajes, ni periodismo sin personajes. Es más posible que nos comueva el sufrimiento de un perro que una catástrofe de cifras impresionantes”, recalcó.

NO AL SENSACIONALISMO BARATO
En las redes sociales muchas veces se critica crónicas sensacionalistas que se difunden por algunos medios de televisión en Paraguay y también en los medios escritos. Explotar ese sufrimiento resta credibilidad a la noticia y no genera lo que debe generar en el lector, sino más bien repulsión.

A esto, Diament aconseja que ante el drama se mantenga la distancia, argumentando que la contención es mucho más atrapante que las lágrimas y el sufrimiento en sí. “Frente al drama es mucho más importante la distancia y la frialdad, es mucho más impactante. Es mejor contar las acciones y no los adjetivos, contar lo que pasa y no lo que se siente, porque lo que se siente es muy difícil de contar”, recomienda.

En otro momento, critica a los medios paraguayos por enfocarse muchas veces en las noticias y presentar algo que no muestra la realidad de un país. “Si uno quisiera tener la imagen de lo que hoy en día es Paraguay, yo no sé si le recomendaría que leyera los diarios o que viese los medios. Tal vez sería más importante que hablase con la gente, o leyese revistas importantes para tener una visión más rica de lo que es la realidad”, indica.

LA RUTINA ES FATAL
La rutina es uno de los enemigos de la labor del periodista”, dice Mario, al tiempo de destacar que el lector percibe cuando una noticia se le relata basada en la rutina. Lo ideal es buscar una forma novedosa de llegar a los ciudadanos tratando de buscar el factor sorpresa.

Aconsejó además utilizar los medios tecnológicos para contar lo que muchas veces no permite la política de los medios tradicionales.

“Si hay limitaciones de publicar cosas en los medios, entonces se puede optar por publicar en un blog propio”, recomienda, agregando que se deben utilizar todos los elementos necesarios para llegar al lector.

* Tomado de la versión digital del diario ABC Color.

Ver el original aquí: http://www.abc.com.py/especiales/fin-de-semana/ser-periodista-no-escritor-de-ficcion-400596.html